BAILANDO SIN PARAR.
Cuando no se baila por bailar.
Hace unos años, en una isla
caribeña, se hizo celebre el caso de un hombre que estuvo bailando
toda la noche con los tobillos rotos.
Llevaba todo el año esperando
la fiesta de su pueblo y cuando llegó el día se puso a bailar
con su mujer durante horas. Entonces se le rompieron los tobillos, pero
se agarró a la cintura de su mujer y así siguió bailando
hasta el amanecer.
El caso se hizo famoso y los médicos
le preguntaban cómo había podido soportar el dolor. El hombre
dijo sencillamente que no quería estropear la noche a su mujer.
Desde entonces, como bailo tan mal,
digo que se me han roto los tobillos y que sigo por amor, pero prefieren
hospitalizarme antes que seguir mis pasos y yo, desde un rincón,
veo lo bien que baila el vals y lo que me gustaría saber bailar
con ella.

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