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TE QUIERO PERO HASTA DONDE TE QUIERO. Relaciones desequilibradas El amor entre hombre y mujer no es altruista. No es divino. Inconscientemente buscamos un equilibrio. Damos y recibimos. En general tendría que haber un equilibrio. Antes, este equilibrio fue concertado por la moral y la religión. Hoy las parejas tienen que negociar, tienen que inventar sus propias reglas. Sexo por sexo. La hipoteca a medias. Amor por amor. Ante el más mínimo desequilibrio las relaciones se rompen, porque los individuos, con derecho, pueden exigir. Si tú no me das lo suficiente, me voy. Es lo que nos trajeron los tiempos
modernos. Más libertad, podemos elegir con quién y con qué
circunstancias nos relacionamos. Pero una cosa no se ha cambiado: El amor.
Porque el amor no tiene precio, no conoce un intercambio que sea otra cosa
que amor. El problema permanece y el dolor es el mismo cuando una parte
ama más que la otra.
El otro en un principio tampoco quiere romper la relación ya que recibe mucho, no solamente amor, puede haber algún otro tipo de beneficio, como sexo, entretenimiento, razones laborales, escapa de la soledad etc. Toma la conciencia de que se trata de hay desequilibrio y quiere convertir la relación en otro tipo de intercambio. Hace regalos abundantes, presta apoyo laboral hasta una gratitud desmesurada, lanza señales de la búsqueda imposible de un intercambio más justo. Raras veces el que ama más
va a romper la relación, ya que el amor siempre tiene esperanza.
Muchos siguen hasta que el otro ya tenga a otra pareja o hasta que uno
se vea en sus límites.
NO ME QUIERO COMPROMETER, NI QUIERO PROMETER NADA. Si el otro no promete nada, tampoco
me siento obligado. Si el otro no se siente obligado para nada, puedo hacer
lo que quiero. El otro es libre, puede hacer lo que quiere. Si el otro
puede hacer lo que quiera, yo voy a hacer lo que a mi me dé la gana.
Y enseguida ya no existe una pareja que trabaje en su relación sino
dos individuos que parecen, si no luchar uno contra el otro, por lo menos
vivir una vida sola en pareja, en todo caso siempre al borde de la separación.
Un paso más y ya se rompe todo.
Probablemente los matrimonios antes
también funcionaban mejor porque el grado del compromiso desde el
principio era muy alto y por eso la confianza.
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