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Muchas historias para decirte
que yo te quiero más.
> Un hombre sólo es realmente un hombre cuando lo da todo por una mujer.
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ALFONSINA STORNI, UNA MUJER. Yo soy como la loba, ando sola y me río... El hijo y después yo, y después,...¡lo que sea! Fue una gran defensora de los derechos de la mujer y desde su posición de poeta argentina de principios del siglo XX trató a los hombres de “igual a igual”, en una época en el que este tipo de actitudes suponían innumerables críticas. Un ejemplo, de su lenguaje es su famoso poema “tú me quieres blanca”. TÚ ME QUIERES BLANCA Tú me quieres alba,
Ni un rayo de luna
Tú que hubiste todas
Tú que el esqueleto
Huye hacia los bosques,
Habla con los pájaros
Lamentablemente, todo el mundo conoce a Alfonsina Storni Martignoni (1892 - 1938), por su trágica muerte, pero es que su suicidio inspiró la canción “Alfonsina y el mar”, de Ariel Ramírez y Félix Luna, que ha sido interpretada por innumerables cantantes. Cuando Alfonsina tenía diez años, el negocio familiar era el “Café suizo”, donde la niña lavaba platos y servía las mesas. Su padre, depresivo y alcohólico, falleció en 1906. Alfonsina se hizo maestra tras años de penuria económica, pero en el segundo año escolar decidió ganar un dinero extra los fines de semana, para lo que viajaba a Rosario a cantar en un tabladillo cabaretero. Cuando en el pueblo donde es maestra, Coronda, se enteraron de que actuaba como corista, no tardaron en humillarla durante un acto escolar. Se instaló en el puerto de Rosario y trabajó como maestra. Empezó a publicar sus primeros poemas en las revistas locales. En esa época conoció al padre de su hijo, Carlos Arguimbau, un hombre casado, veinticuatro años mayor que ella, del que se dice que era culto y que tenía cierta importancia política, llegando a ejercer el cargo de diputado provincial. Carlos Arguimbau escribía artículos periodísticos y era amante de la literatura, llegando a escribir alguna obra de teatro. Es interesante conocer que Alfonsina mantuvo en secreto hasta el día de su muerte el nombre del primer amor de su vida y padre de su hijo. Misterio que no fue develado públicamente hasta 1976, treinta y ocho años después del suicidio de la escritora. La persona que se encargó de averiguar y publicar ese dato fue Carlos Alberto Andreola, en la introducción de su libro “Alfonsina Storni: vida, talento, soledad”. En enero de 1912 viajó a Buenos Aires, embarazada, sola, sin dinero y una maleta con sus versos y obras de Rubén Darío. Se hospedó en una humilde pensión hasta que el 21 de abril nació su hijo, Alejandro Alfonso Storni. Más tarde, madre e hijo se mudaron a una vivienda que compartían con un matrimonio. Para subsistir y mantener a su hijo trabajó como cajera en una farmacia y luego en una tienda. En algunas ocasiones, también realizó labores de modista. Yo soy como la loba, ando sola y me río... El hijo y después yo, y después,...¡lo que sea! Siguió escribiendo y publicando. Con el tiempo mejoró su situación económica y viajó frecuentemente a Montevideo, donde conocería a la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou y al que será su compañero, el escritor, también uruguayo, Horacio Quiroga. La vida de Horacio Quiroga es una tragedia continua que empieza cuando él tenía dos meses de edad con la muerte de su padre al disparársele accidentalmente su escopeta. Doce años más tarde, en 1891, Ascenso Bargo, su padrastro, se suicida con otra escopeta. En 1902, Horacio Quiroga causó la muerte, accidentalmente, con su revólver, de su mejor amigo, Federico Ferrando. En 1915 se suicidó su primera esposa, Ana María Cires, y también se suicidó Leopoldo Lugones, a quien Quiroga admiraba profundamente. Dos años después de su muerte, en 1939, se suicidaría su hija Egle. Años después, su hijo Darío también haría lo mismo. El 19 de febrero de 1937 apareció muerto por ingestión de cianuro, poco después de enterarse que sufría de cáncer gástrico. Anteriormente, en el verano del 1935, Alfonsina supo que tenía cáncer de mama. Fue operada, pero el cáncer continuó. Sufrió depresiones. Desde entonces llamó al mar en sus poemas y hablaba del abrazo de la mar y de la casa de cristal que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas. En 1937, cuando se suicidó Horacio Quiroga, Alfonsina escribió:
En octubre
de 1938, muy enferma, viajó a Mar del Plata para poder descansar.
Una noche, después de horas de intenso dolor, llamó a la asistenta de la pensión donde se hospedaba y dictó una carta para su único hijo. En la madrugada del 25 de octubre de 1938, Alfonsina, de cuarenta y seis años, bajo una lluvia torrencial, se arrojó al mar desde un espigón, dejando como testamento un poema, “Voy a dormir”, y una carta de despedida a su hijo Alejandro, de veintiséis años. Voy a dormir, nodriza mía,
acuéstame.
En la playa La Perla, en Mar del Plata, se encuentra el monumento a Alfonsina Storni, una mujer que supo sobrevivir sin ayuda de nadie. “Yo soy como la loba, ando sola y me río... El hijo y después yo, y después,...¡lo que sea!”. ALFONSINA Y EL MAR De Ariel Ramírez y Félix Luna Por la blanda arena
Sabe Dios qué angustia
Te vas Alfonsina
Cinco sirenitas
Bájame la lámpara
Te vas Alfonsina
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