MANOS FUERA.
En los metros de Japón y
Brasil están empezando a instalar vagones sólo para mujeres.
Pero en la oficina también hay acosadores, ¡LAS MANOS FUERA!.

Las mujeres podrán viajar
en el metro en vagones exclusivos para ellas. Estos vagones antoacosadores
funcionarán durante las horas puntas y en los trenes que cruzan
las prinicpales arterias de la capital del sol naciente. Cada tren de las
líneas Tokyo Metro, Tobu, Seibu, Keisei, Keio, Odakyu, Tokyu, Keihin,
Sagami y la pública Toei Shinjuku, llevarán hasta las nueve
y media de la mañana un vagón marcado con distintivos rosa
que avisan que solo se permiten mujeres.
Esta iniciativa ha sido puesta en
marcha por el gobierno japonés debido a que en los últimos
meses se han incrementado notablemente las denuncias de mujeres que afirman
haber sufrido algún tipo de acoso durante los trayectos del metro.
Este hecho ha obligado a la policía japonesa a recomendar al gobierno
plantear soluciones.
La solución adoptada ha sido
recibida con gratitud por la mayoría de usuarias. Ahora es mucho
más seguro viajar en el tren porque no tengo que preocuparme de
los salidos, dice una usuaria. Me siento más relajada que nunca.
Más segura que antes, afirma otra.
En Brasil quieren hacer los mismo.
Pero el problema no se queda en
el metro, una de cada 10 mujeres se ha sentido acosada sexualmente en el
trabajo en el último año. La encuesta realizada por el Instituto
de la Mujer muestra que se trata de un fenómeno más extendido
de lo que aparenta y que existe un alto nivel de tolerancia por parte de
los directivos de las empresas en las que esas conductas se denuncian.
Los datos revelan que 835.000 empleadas
han sido objeto de presiones, insinuaciones, propuestas y roces de tipo
sexual por parte de compañeros o superiores, y que 180.000 de esas
mujeres han llegado a sufrir situaciones de acoso muy graves: desde tocamientos
y besos o abrazos no deseados, a propuestas de relación sexual bajo
chantaje laboral, hechos que están tipificados como delitos contra
la libertad sexual.
La encuesta muestra que todas las
mujeres son susceptibles de sufrir acoso, pero son las más jóvenes
las que se encuentran en situación más vulnerable. De hecho,
entre las chicas de 16 a 24 años el porcentaje de acosadas llega
al 21,2%, lo cual es especialmente grave porque incide en personas que
se encuentran habitualmente en situación laboral más precaria
y, por su menor edad, tienen menos mecanismos de defensa.
El acoso sexual es una herencia
del machismo y, en consecuencia, no es patrimonio exclusivo de los hombres
con escasa dotación cultural. Es una expresión de las relaciones
de dominio sexista que todavía perduran en muchas estructuras sociales,
y el hecho de que algunas empresas no reaccionen ante su denuncia revela
que subsiste una amplia tolerancia, que termina actuando como caldo de
cultivo.
Los casos de acoso grave suelen
comenzar con pequeñas y aparentemente inofensivas insinuaciones
que van a más, hasta convertirse en una agresión en toda
regla. Por eso, para reducir su incidencia, es preciso romper el halo de
impunidad que rodea a estos comportamientos y aplicar el principio de tolerancia
cero. Es necesario que las mujeres descubran a sus acosadores en el primer
intento y que los directivos de las empresas tomen en serio las denuncias.
Silenciarlas contribuye a engrosar la prepotencia del acosador y alimenta
el sentimiento de miedo y vergüenza en la víctima, que hace
que sólo una cuarta parte de las acosadas lo comente con alguien.
Este tipo de actuaciones se califican
por si solas ¡las MANOS FUERA! y un único consejo a las
mujeres: tolerancia 0 y siempre denunciar en la primera ocasión.
En estos casos y con este tipo de personal no vale dar segundas oportunidades.

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