OBESIDAD Y DEPRESIÓN.
¿Estar obeso tiene relación
con la depresión?
Según un estudio publicado
por la revista científica Archives of General Psychiatry, basado
en una encuesta entre 9.000 personas, los desórdenes relacionados
con la ansiedad, los trastornos obsesivos y la depresión son mucho
más comunes –hasta un 25%– entre los obesos que entre las personas
delgadas.
Uno de los problemas que destaca
el estudio es que en muchas ocasiones los medicamentos antidepresivos provocan
un aumento de peso que se suma al causado por el sedentarismo asociado
a la depresión.
Wayne Fenton, del Instituto Nacional
de Medicina Mental de EEUU, principal patrocinador de la investigación,
sugiere, en declaraciones al diario USA Today, que “el estereotipo cultural
del obeso jovial es más un producto de nuestra imaginación
que una realidad”. Un tercio de los adultos estadounidenses es obeso y
la depresión afecta a cerca de 21 millones de ciudadanos de aquel
país, lo que equivale aproximadamente a una décima parte
de la población.
La vinculación entre obesidad
y depresión nunca habían podido ser científicamente
vinculdas, pero según Susan McElroy, profesora de la Universidad
de Cincinnati (Ohio), con este estudio se “confirma que, de hecho, existe
una relación” entre los dos elementos.
Para realizar el estudio, el equipo
comandado por Gregory Simon, investigador del Group Health Cooperative
de Seattle (Washington), realizó una encuesta nacional entre 9.125
adultos cuyo estado mental fue evaluado a través de diversas entrevistas.
El nivel de obesidad se determinó usando los datos proporcionados
por los propios participantes.
Los resultados reflejaban: un 25%
de los encuestados resultó ser obeso y de esta cuarta parte, un
22% declaró haber padecido algún trastorno de la personalidad,
incluyendo la depresión.
Ese porcentaje descendía
en el caso de las personas no obesas hasta el 18%. Como no todo puede ser
negativo, el estudio también refleja, según McElroy, que
el abuso del alcohol o de otras sustancias es menos común entre
los obesos. La dopamina, activada en el cerebro ante estímulos considerados
positivos –sean éstos un buen plato de comida o una descomunal melopea-
parece ser la responsable de esta excepción.

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