DEPRESIONES Y GENÉTICA.
La inhibición de un gen
acaba con los síntomas de esta enfermedad.
Un equipo franco-canadiense de científicos
ha abierto una nueva vía al tratamiento de la depresión al
descubrir que la inhibición de un gen acaba con los síntomas
de esta enfermedad, anunció un centro participante en el estudio.
Los investigadores llegaron a este
hallazgo a partir del análisis de ratones genéticamente modificados,
que "resistieron notablemente" a "situaciones de estrés que llevan
a un estado próximo a la depresión", como si fueran "ratones
normales que hubieran sido tratados con antidepresivos", precisó
el Centro Nacional francés de Investigaciones Científicas
(CNRS).
La importancia del descubrimiento
no sólo reside en que abre una nueva vía al tratamiento de
la depresión, sino también en que la inhibición del
gen logra la desaparición completa de la enfermedad, dos veces más
frecuente en mujeres que en hombres.
Los antidepresivos, que mejoran
el estado de un 70% de los pacientes con depresión, sólo
logran una remisión total de la patología entre un 30 y un
40% de los casos. El trabajo, cuyos resultados publica la revista Nature
Neurosciences, "demuestra que se puede producir genéticamente resistencia
a la depresión", subrayó el CNRS en un comunicado.
Los ratones genéticamente
modificados de la prueba "se reproducen, crecen y se comportan en sus actividades
diarias como ratones normales", añadió. El gen inhibido en
los animales del estudio está presente en un canal iónico
(proteína de membrana que participa en la generación de señales
eléctricas en las células nerviosas) que se encuentra en
todas las regiones del cerebro implicadas en la depresión.
La depresión afecta a entre
un 2 y un 5% de la población en los países desarrollados
y a un 20% en sus modalidades más leves. En la mayoría de
los casos, proviene de una interacción entre una predisposición
genética y factores ambientales, como el estrés y los traumas
emocionales.
El estudio fue efectuado por un
equipo del Instituto de Farmacología Molecular de Sofía Antipolis,
del CNRS y de la Universidad de Niza (sudeste de Francia), en colaboración
con equipos de París y Ruán (noroeste), y Montreal (Canadá).

|